Due Diligence Ambiental y Social Due Diligence Ambientales y Sociales. El ingrediente secreto. – Natura E.S.T.

Due Diligence Ambientales y Sociales. El ingrediente secreto.

Dentro del rango de servicios de consultoría y actividades vinculados al desarrollo de proyectos energéticos, un nuevo ingrediente está agregándose al conjunto. Desarrolladores, propietarios, fondos y entidades financieras están más que familiarizados con el concepto de due diligence, y están acostumbrados a lidiar con due diligence legales, técnicas, de seguros o incluso de mercado. Recientemente, un nuevo tipo de estudios se está introduciendo y popularizándose cada vez más: las due diligence ambientales y sociales.

En el presente post, me gustaría reflexionar un poco sobre las due diligence en general, y las ambientales y sociales en particular. Comenzaré repasando algunos conceptos básicos sobre qué son las due diligence y sus objetivos y metodologías, para terminar ahondando un poco en la necesidad y particularidades de las due diligence ambientales y sociales.

¿Qué es una Due Diligence?

Las due diligence son evaluaciones de los riesgos vinculados a los proyectos. Normalmente, las due diligence se aplican en dos tipos de procesos: para la compraventa de proyectos o en procesos de financiación de los mismos.

En procesos de compraventa, el comprador querrá conocer los eventuales problemas que puede tener el proyecto en su desarrollo, construcción u operación. Más adelante comento sobre qué son los riesgos o cómo gestionarlos. En este tipo de proyectos, los intereses del comprador son claros (a veces las contrata el vendedor, por parte de un consultor independiente) y los objetivos bastante evidentes. Los resultados de las due diligence pueden sin duda condicionar la decisión de comprar o impactar las condiciones de negociación.

Las due diligence para financiación tienen sin embargo algunas particularidades. Para entender bien su trasfondo y condicionantes, cabe comentar brevemente el concepto de “Project Finance”. El “Project Finance” es una estructura de financiación consistente en que el proyecto debe tener la capacidad de cubrir sus propios requerimientos de deuda. Serán los propios ingresos del proyecto, los que se utilicen para la devolución del préstamo. Dicho de otra manera, el proyecto tiene que “pagarse a sí mismo”.

El Project Finance, es la principal estructura de financiación que se utiliza en proyectos de energía o infraestructuras, fuertemente intensivos en capital. De esta manera, en teoría, no se compromete la capacidad de financiación de las empresas promotoras y, en todo caso, permite que empresas relativamente modestas puedan financiar proyectos comparativamente grandes[1]. Si bien ésta es una idea maravillosa, que permite multiplicar la cantidad de proyectos y da cabida a actores que, de otra manera, no podrían participar con un rol tan protagonista en sectores como el de la energía, el promotor deberá aceptar algunos inconvenientes.

Precisamente, para que haya la certeza de que el Proyecto se pague a sí mismo, un conjunto de consultores independientes deberán analizar la casi totalidad de la documentación del proyecto y entender todos sus condicionantes y todos los problemas que puedan surgir, con objetivo de determinar que con toda probabilidad, el proyecto va a ser capaz de pagar sus requerimientos de deuda. En estos análisis, el parámetro que se debe evaluar en último término no es tanto la rentabilidad del proyecto como, tal y como lo manejan los bancos, el ratio de cobertura de la deuda (Debt Service Coverage Ratio, en inglés), que deberá ser cubierto con margen suficiente y ante cualquier imprevisto, por parte del proyecto. Éste debe ser el objeto último de las distintas due diligence.

Los invitamos a ser parte de nuestro próximo Webinar Due Diligence Ambiental y Social.

Metodologías de las Due Diligence

Teniendo en cuenta todo lo anterior, las due diligence son evaluaciones de los riesgos vinculados a los proyectos. Cabe preguntarse, no obstante, qué es un riesgo. En términos de proyecto, un riesgo es todo aquel aspecto que puede afectar a los parámetros principales de desarrollo de un proyecto: tiempo, costo o calidad.

Como bien saben los directores de proyectos, estos parámetros se prevén y monitorizan constantemente durante la evolución de un proyecto y están íntimamente relacionados. Por ejemplo, acelerar los tiempos de ejecución de un proyecto implica generalmente un incremento del costo o una reducción de la calidad. Reducir costos, tiene igualmente impacto sobre los plazos o la calidad. Mejorar la ejecución implica invertir más o ejecutar más concienzudamente, es decir, más lento. Esta clasificación en términos de tiempo, costo y calidad es muy útil para la identificación de los riesgos. Por otro lado, es importante tener la visión holística sobre sus implicaciones para determinar su magnitud.

En este sentido, una due diligence no consiste sólo en identificar riesgos. Ésta es sólo la primera fase en la que se debe sustentar la metodología de due diligence. El proceso debe incluir en todo caso otras dos fases: evaluar o ponderar los riesgos una vez identificados, y proponer medidas mitigantes o respuestas frente a éstos.

Para ponderar los riesgos, es útil determinar su significancia en términos de probabilidad e impacto: cuál es la probabilidad de que se produzca el riesgo y su significancia o magnitud respecto de los aspectos referidos anteriormente (tiempo, costo o calidad). Si bien en algunos casos se pueden contemplar otros parámetros, como la resiliencia del sistema frente al riesgo, su persistencia a lo largo del tiempo o la eventual reincidencia del riesgo, en mi opinión, los parámetros de impacto y probabilidad suelen ser suficientes para caracterizar la importancia del riesgo.

El último paso esencial en una due diligence es proponer posibles medidas para mitigar o dar una respuesta adecuada al riesgo. Existen cinco posibles respuestas frente a cualquier riesgo. No es objeto del presente post ahondar en cada una de estas opciones, pero creo que es interesante señalarlas. Estas posibles respuestas son:

  • Eliminar el riesgo, por ejemplo, contemplando una alternativa tecnológica, aunque esto lógicamente no es siempre posible.
  • Reducirlo tanto como sea posible, mediante una adecuada planificación o con estudios específicos. Por ejemplo, frente a un riesgo de inundación, elaborar un estudio hidrológico concienzudo y un adecuado sistema de drenaje.
  • Vivir con él y vigilarlo, por ejemplo mediante un mantenimiento preventivo, revisando el apriete de las tuercas o la aparición de grietas en cimentaciones.
  • Transferirlo a alguien más, mediante seguros.
  • Negociarlos, a través de contratos de suministro y ejecución.
  • Ignorarlo: lo cual, desde luego, no será una opción en un proceso de due diligence.

Con ello en mente, una due diligence debe ser capaz de proponer una respuesta adecuada para cada uno de los riesgos identificados.

Due Diligence Ambientales y Sociales

Con todo lo anterior, espero haber dibujado un mapa general sobre qué son las due diligence y cuáles son sus objetivos. Tal y como comentaba al principio, no obstante, hay varios tipos de due diligence, entre los cuales los más desconocidos son las due diligence ambientales y sociales.

Los objetivos de éstas no deben variar del del resto de due diligence. En caso de proyectos de financiación, como comentamos anteriormente, determinar los riesgos y sus eventuales implicaciones en términos de repercusión sobre el ratio de cobertura de la deuda.

Tradicionalmente, los aspectos ambientales y sociales, se tocaban tangencialmente, como parte del análisis de permisos y licencias que hacían tanto los asesores legales como los técnicos. Repasando los procedimientos administrativos, éstos analizaban si los expedientes estaban completos y si se echaba algo en falta.

No obstante, a base de imprevistos, se ha ido conformando la necesidad de que especialistas ambientales y sociales hagan un análisis más concreto de los riesgos de los proyectos. Esta necesidad se ha ido haciendo cada vez más patente a medida que algunos proyectos, no ya sólo han encontrado problemas imprevistos, sino que han resultado incluso finalmente inviables debido a estos asuntos, cuya relevancia no había sido inicialmente ponderada.

Si bien analizar los aspectos técnicos es importante para un rendimiento adecuado de los proyectos, en mi experiencia, estos aspectos raramente condicionan la viabilidad del proyecto. Curiosamente, sin embargo, los aspectos sociales y ambientales, opacados y pese a no haber recibido la suficiente atención, han demostrado tener una relevancia esencial. De ahí, que las due diligence ambientales y sociales estén adquiriendo una entidad propia y fundamental.

Due Diligence Social

Por un lado, son ya varios y muy significativos los proyectos que han encontrado fuertes barreras para su desarrollo desde una perspectiva social. Cada vez más, ya no sólo tratados y convenios internacionales sino que las propias legislaciones nacionales garantizan una mayor participación de los pobladores en el desarrollo de los proyectos. En el caso de existir comunidades indígenas, esta participación debe ser canalizada por medio de una consulta previa, libre e informada.

El objeto es que estas comunidades puedan efectivamente opinar e influir en las decisiones sobre el proyecto con el que van a convivir. Si bien esto puede parecer problemático, la realidad es que una adecuada gestión social de los proyectos puede garantizar su operatividad futura. Se trata de asegurarse un aliado en las localidades que van a convivir finalmente con el mismo. No hacerlo y manejar una estrategia de desinformación puede dar lugar, múltiples son ya los ejemplos, a dificultades y finalmente incluso a barreras infranqueables para la ejecución del proyecto. Las due diligence sociales deben ser por tanto capaces de determinar la labor que se ha realizado desde un punto de vista social y la posición de las poblaciones y detectar, en último término, posibles disconformidades, cuyas ramificaciones, como ocurre con todo problema que involucre a seres humanos, son siempre imprevisibles.

De nuevo, esto ya no es sólo una cuestión de regalar beneficios a las poblaciones que van a convivir con un proyecto, se trata de construir alianzas firmes con quienes pueden ser sus mejores aliados, no sólo en cumplimiento de la legislación aplicable sino en su propio beneficio.

Las due diligence sociales no sólo deben asegurar el cumplimiento de los requerimientos normativos, sino también reflexionar e identificar las medidas propuestas, los principales actores en las localidades influenciadas por el proyecto, la adecuación de los canales de comunicación e información establecidos con las poblaciones así como la idoneidad del lenguaje empleado para comunicarse con las mismas y la adecuación y conveniencia, en su caso, de los incentivos y beneficios sociales.

Due Diligence Ambiental

A diferencia de los seres humanos, el medioambiente no tiene la oportunidad de quejarse. Afortunadamente, en el caso de éste, la mayoría de las legislaciones están firmemente desarrolladas. Es más difícil reflexionar en este punto sobre el beneficio que puede traer para un desarrollador el realizar una esmerada gestión de los temas ambientales. Más allá de las razones éticas (que tampoco son irrelevantes), se puede argumentar que un deterioro ambiental impacta íntimamente a las poblaciones colindantes, lo que conduce de nuevo a los aspectos sociales y a los argumentos esgrimidos anteriormente. Si bien esto es así, esta línea de argumentación puede parecer sutil cuando se trata de determinar la importancia de una lagartija en estado de protección especial. La sensibilidad de los ecosistemas y los delicados equilibrios en las relaciones de la cadena trófica deberían bastar para garantizar el respecto y cuidado de todas las especies tanto animales como vegetales y muy especialmente aquellas con especial estado de protección.

Tan relevante como es la argumentación anterior, otro aspecto debería ser tenido en cuenta por los desarrolladores a la hora de ponderar la debida importancia de desarrollar concienzudos estudios ambientales: que en último término, hacer estos estudios redunda en su mayor interés y puede acabar minimizando los costos totales de los proyectos.

Como he argumentado en algún post anterior, la realización de estudios de impacto ambiental demasiado someros, puede implicar posteriores esfuerzos. Cabe señalar, en este sentido, que los requerimientos ambientales por parte de las administraciones públicas, se están endureciendo en prácticamente todos los países. Algunos posibles impactos sobre los proyectos derivados de no haber ejercido una labor suficientemente concienzuda en primera instancia son:

  • Necesidad de incrementar los muestreos para una mejor caracterización de flora y fauna, tanto en extensión (mayor superficie muestreada) como en tiempo (muestreos en distintas estaciones), con los sobre costos que ello implica.
  • Problemas en ejecución, en caso de que la caracterización inicial en los estudios no fuera consistente con la realidad en campo. En Natura nos hemos enfrentado a esta circunstancia en varias ocasiones, lo que tiene fuertes implicaciones y sobre costos, al tener que justificar las desviaciones con frente a la entidad supervisora. Con frecuencia, las diferencias entre los organismos considerados en los estudios y lo existente en campo debe cubrirse con individuos comprados en viveros, lo que puede llegar a implicar fuertes costos no previstos.
  • Necesidad de acometer medidas, planes y programas no consistentes con la realidad o cuya eficacia no se ha ponderado adecuadamente en términos costo/beneficio.
  • Desarrollar programas sobre la marcha, en caso de que se detecten especies durante la construcción en especial régimen de protección, que no hubieran sido identificadas anteriormente. De nuevo, toda reacción improvisada puede implicar fuertes sobre costos, pero además retrasos e incluso paralizaciones de las obras, si así lo considera necesario la autoridad supervisora.
  • Por último, es importante reflexionar sobre las medidas compensatorias que se proponen en los estudios de impacto ambiental. Es frecuente encontrar que algunas medidas se repiten por inercia, sin que las consultoras y la propia administración se detengan a reflexionar sobre su conveniencia. Bajo la seguridad que proporciona la tradición, se repiten acciones que no necesariamente son la mejores ni para el medioambiente ni para el bolsillo de los desarrolladores o propietarios de los proyectos. Por ejemplo, el requerimiento de triturar y esparcir la madera no aprovechable resultante de las actividades de talado y desbroce – medida muy frecuente, que se debe implementar en numerosos proyectos-, no sólo es medioambientalmente cuestionable, sino que resulta en ocasiones muy costosa. Frente a esta tendencia que no deja de perpetuarse, un aprovechamiento de la madera por parte de las comunidades afectadas por el proyecto daría beneficios a la comunidad y un menor costo para la construcción.

Estos y otros aspectos deben ser considerados en la due diligence ambiental. Tal y como se refirió anteriormente, la metodología de due diligence debe ir conducida no sólo a identificar riesgos, sino a ponderarlos adecuadamente y proponer medidas adecuadas.

De esta manera, el consultor ambiental deberá, antes de nada, verificar la consistencia de la caracterización del medio biótico descrita en el Estudio de Impacto Ambiental, revisar a conciencia las medidas mitigantes propuestas y, especialmente, en el caso de especies en régimen de especial protección, revisar y cuantificar los programas especiales de protección de dichas especies.

Cabe señalar que la identificación de una especie protegida difícilmente va a impedir la ejecución de un proyecto; no obstante, se requerirá la implantación de programas específicos para su conservación, que pueden ser costosos.

Una adecuada due diligence ambiental deberá hacer un concienzudo análisis de estimación para no sólo identificar qué planes y programas podrían requerirse en las distintas fases del proyecto, sino sus costos derivados. Sólo así podrán los propietarios y entidades financieras construir un modelo financiero que se ajuste a la realidad del proyecto, garantizando una modelización precisa de los flujos financieros. Otros aspectos muy relevantes desde le punto de vista financiero, pueden ser el pago a fondos de compensación (por ejemplo, el fondo forestal), las garantías de cumplimiento, o la necesidad de actividades de reforestación. Estos aspectos son esenciales y su magnitud puede ser los suficientemente relevante como para impactar el cálculo de los ratios financieros del proyecto.

En Resumen, como decíamos al principio, las due diligence ambientales y sociales son, pese a su novedad, esenciales para determinar la viabilidad y rentabilidad de los proyectos. El hecho de que no se les hubiera dado la suficiente entidad en el pasado, no debe engañarnos sobre su relevancia. Ignorar estos aspectos – son ya numerosos los ejemplos- puede dar al traste con proyectos que parecían sólidos. Afortunadamente, un comportamiento ético, responsable y concienzudo no sólo no debe perjudicar a los proyectos sino que, muy al contrario, permite desarrollarlos con unos cimientos inmensamente más sólidos y consistentes. Un análisis serio de estos aspectos dará tranquilidad a los inversores y asegurará la minimización de los riesgos, disminuyendo también, dicho sea de paso, el costo de la financiación.

[1] Muchas veces no se da un Project Finance “puro” y la financiación sí acaba integrando cierto tipo de garantías corporativas. Además normalmente no se cubre el 100% de la financiación de los proyectos, por lo que, en realidad, la capacidad de financiación sí se suele ver comprometida, aunque en menor medida que con otros tipos de financiación

Jorge_Melero
Jorge Melero Director General de Natura EST

4 thoughts on “Due Diligence Ambientales y Sociales. El ingrediente secreto.

  1. Augusto - diciembre 5, 2018 5:22

    Excelente análisis y comprensión del due diligence.

  2. Carlos Mtz Morales - diciembre 5, 2018 8:12

    Hasta cuanto tiempo puede tardar una Due Diligence ?

    • natura - diciembre 5, 2018 8:20

      Hola, el tiempo puede ir de un mes hasta un año o poco más, lo cuál depende de la documentación que ya se tenga y el orden en la misma, ya que hay proyectos que aún se deben modificar en cuanto a diseño o permisos o que no han tramitado todos los permisos necesarios, lo cuál prolonga el tiempo de evaluación y aprobación de una DD. Por lo tanto, la principal recomendación es que se tenga en regla y ordenada toda la documentación que se revisa en la DD.

  3. Alejandra - diciembre 5, 2018 8:12

    Muy interesante el aporte.

Write your comment Here