La Toma de Decisión Ambiental, o la Cuadratura del Círculo. – Natura E.S.T.

La Toma de Decisión Ambiental, o la Cuadratura del Círculo.

La Toma de Decisión Ambiental, o la Cuadratura del Círculo.

Desde los tiempos de las Grecia clásica, la cuadratura del círculo consistió en uno de los problemas matemáticos más conocidos a los que sabios dedicaron esfuerzos durante siglos. Este problema ha pasado al lenguaje popular como sinónimo de una situación difícil de resolver, en la que hay intereses o tendencias contrapuestas. En sí, el problema consistía en determinar cuál debería ser la magnitud del lado de un cuadrado para que éste tuviera la misma área que un círculo determinado. Finalmente, los matemáticos fueron capaces de demostrar que este problema no tiene solución. Dicho de otra manera, ningún cuadrado puede tener la misma área que ningún círculo. Pueden tener una superficie muy similar, pero nunca podrá ser la misma. Son como dos mundos que por mucho que deseen parecerse, nunca van a ser iguales. Lo que se interpone en la solución del problema es la irracionalidad del número “pi”. Éste es un enigmático capricho de la ciencia. Y si en la más racional de las ciencias, nos encontramos “irracionalidades” ¿cómo no encontrarlas en la vida real? En esta línea, me gustaría reflexionar un poco sobre las consideraciones a la hora de tomar una decisión ambiental y sobre cómo afrontar sus condicionantes en un proyecto de energía o infraestructuras.

Como en el problema matemático, la toma de decisión sobre los aspectos ambientales muchas veces se ve impelida a resolver conflictos de interés que desafían la racionalidad y obligan a los tomadores de decisión a devanarse los sesos, como los sabios de la antigüedad. Permítanme, por ejemplo, una aproximación al caso mexicano. En este país, un cambio de criterio está removiendo los procedimientos en base a los cuales de desarrollaban los proyectos energéticos. En la actualidad, todos los proyectos deben aprobar sus estudios de impacto ambiental en la Dirección General de Impacto Ambiental (DGIRA) en Ciudad de México, por medio de lo que se conoce por Manifestaciones de Impacto Ambiental Regionales (MIA-R). Anteriormente, era posible resolver estos trámites en los Estados. Pues bien, la DGIRA está haciendo un buen trabajo a la hora de unificar criterios; muchos de los cuales son significativamente más estrictos que los que se manejaban de manera estatal. Este organismo se está preocupando de asegurar que los estudios son concienzudos y caracterizan adecuadamente los condicionantes ambientales. En mi opinión, esto es positivo. Si bien esta situación obliga a esforzarse un poco más en la fase de elaboración, por otro lado, objetiva los condicionantes e introduce certidumbre sobre el proceso. No obstante, este esfuerzo adicional en la elaboración de los estudios parece arrastrarnos en dirección contraria a la consecución de otro objetivo necesario: la minimización de los costos del proyecto. En un mercado en el que el abrumador éxito de las subastas de venta de energía de largo plazo ha encogido los precios de la energía, minimizándolos hasta niveles de record mundial, los crecientes requerimientos ambientales (y sociales, dicho sea de paso) están causando unas tensiones extraordinarias sobre estas actividades ¿Cómo cuadrar este círculo? ¿Debemos considerar que aquí también interfiere un “PI”, de Problema Irresoluble?

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Tratemos de profundizar un poco más y buscar los requiebros de este nudo gordiano. Como aproximación a la racionalidad, cabría preguntarse inicialmente qué busca el promotor de un proyecto, cualquiera que sea su naturaleza. Sin duda, su principal motivación es llegar a ejecutarlo, pero ¿a cualquier precio y por encima de todo? En mi experiencia, esto no siempre es así. Según he podido observar a lo largo de mi carrera, muchos desarrolladores, muy especialmente en el ámbito de las energías renovables, tienen una sensibilidad ambiental. Aún así, sería ingenuo pensar que esto siempre es así o que el respeto por el medioambiente es la principal motivación de quien pelea por llevar un proyecto a buen fin. Indudablemente, el costo de desarrollo de los proyectos es otro de los factores esenciales que los promotores tratan de minimizar. No obstante, como en el dicho que reza que “lo barato sale caro”, no todos los costos se manifiestan en el mismo momento. Un estudio ambiental demasiado somero puede implicar posteriores esfuerzos: por ejemplo, el incremento de las superficies de muestreo o, más adelante, superiores costos durante la ejecución, en caso de que lo encontrado en sitio no corresponda con lo documentado primeramente.

En este sentido, por ejemplo, en Natura nos hemos encontrado en más de una ocasión, construyendo obras en las que árboles y matorrales se levantan tozudamente en áreas donde según los estudios ambientales no debería haber nada. Si bien la aprobación de los estudios iniciales pudo parecer una buena noticia, el tratamiento de estas incoherencias es altamente costoso, en nuestra experiencia. Lidiar con superficie forestal no prevista, puede generar retrasos sobre el cronograma y fuertes costos de talado y desbroce de estas superficies. Aun si esas superficies no fueron consideradas inicialmente, PROFEPA prestará especial atención sobre su tratamiento, por lo que este tipo de indefiniciones, no generará beneficios; si bien al contrario, genera confusión, desorganización y retrasos. Una concienzuda caracterización de la vida silvestre es esencial para el adecuado ritmo y ejecución de los trabajos ambientales.

Pero no todos los problemas derivados de un estudio superficial tienen que ver con la caracterización del sistema ambiental; es recomendable prestar una especial atención a las medidas propuestas. A modo de ejemplo, se viene arrastrando en México la tendencia a recomendar la trituración y esparcido en los entornos del proyecto de la madera acumulada en el mismo. En nuestra opinión, no es medioambientalmente necesario – tal vez, incluso, contraproducente- desperdigar cantidades de materia orgánica en ecosistemas equilibrados. Como una persona obligada a comer de más, no todos los ecosistemas agradecerán aportes adicionales. Por el contrario, esa madera podría valorizarse, generando un beneficio social, pudiéndose usar para cocinar, en chimeneas o incluso para artesanía. La madera es un recurso valioso, como para empeñarse en desvanecerlo. En cualquier caso, cabe señalar que la medida del astillado – si más no, cuestionable- implica costos nada desdeñables en la ejecución de los proyectos. Estos costos pueden superar varios cientos de miles de euros.

En definitiva, estoy convencido que invertir en buenos análisis ambientales y prestar atención a los condicionantes y medidas mitigantes beneficiará en último término a los desarrolladores y propietarios de proyectos si se tiene en cuenta los costos integrales del proyecto en todas las fases de planificación, desarrollo, ejecución y operación. Un desarrollador que tenga como intención vender el proyecto podría buscar optimizar sus costos iniciales, pensando en minimizar su inversión. Si bien este planteamiento también es comprensible, cabe señalar que una adecuada Due Diligence en el proceso de compra-venta delatará cualquier deficiencia y deberá ser capaz de identificar los sobre-costos futuros, tal y como se refiere anteriormente, lo que puede comprometer el precio de venta del proyecto[1].

En resumen, si bien el sobreesfuerzo derivado del endurecimiento de los criterios ambientales puede parecer en primera instancia una mala noticia para los desarrolladores de proyectos de energía, este esfuerzo, bien canalizado, puede derivar no sólo en una mejor gestión ambiental y una minimización de los impactos, sino incluso en una reducción de los costos totales de ejecución y operación del proyecto. Obligados a salir de nuestra “zona de confort” y tomar esa Decisión  Ambiental para prestar mayor atención a estos aspectos, se pueden producir mejoras inesperadas en beneficio del proyecto, del medio ambiente y, en último término, de la propiedad. No es que hayamos cuadrado el círculo, tal vez es que el problema no era tal…

Jorge Melero Decisión Ambiental

 

 

 

 

Jorge Melero

Director General Natura México

[1] Sobre las metodologías, condicionantes y conclusiones de las Due Diligence ambientales y sociales escribiré en futuras entradas.

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